¿Cómo se cultiva un jardín?

Actualizado: may 22

Un jardín comienza con una visión alimentada con la luz del sol, el silencio, la paciencia y el amor.



Hace muchos años, en uno de tantos cambios de vivienda que he tenido, tuve que deshacerme de una gran cantidad de mis plantas, que habían vivido conmigo por más de 10 años y, a las que pudieron quedarse, tuve que aprender a conocerlas de nuevo en ese también nuevo entorno para mi y para ellas.

Y empecé a escribir metáforas que utilizaban prácticas comunes de la jardinería, como el abono, el cambio de macetas o la poda, para referirme a algunos procesos personales. Y desde entonces he imaginado que mi proceso de crecimiento, expansión, evolución y conciencia como humana es como el cultivo de un jardín.


Muchos años después de eso, en otra casa y otras circunstancias y viviendo otros procesos, yo ya practicaba Kundalini Yoga con mucha regularidad y disciplina. Los jueves tomaba una clase con un Maestro que me inspiraba mucho y también me daba la confianza para compartir con él algunas cosas que aparecían en mi camino. Un día, platicando sobre algo así, le dije que me quería enamorar de nuevo. Y el me dijo sonriendo: "Ay pequeña, enamórate de ti misma. Tú sólo dedícate a cultivar tu jardín, un día irán los pájaros a cantar en él". Jamás olvidaré este momento, desde entonces a eso me he dedicado, a cultivar mi jardín , a SER jardín. Lo hago de formas sutiles, metafóricas y otras concretas y evidentes, como tener un jardín en mi azotea y estar en proceso de creación de una obra de teatro que se llama, nada menos que Diario de un jardín. Una historia de papel para aprender a florecer. Así que esta es la historia de una mujer que se ha preguntado durante tantos, tantos años como volver a florecer. Porque antes sabía. Porque sabemos, cuando la historia de nuestra vida comienza, sabemos. Yo recuerdo una infancia y una adolescencia y hasta una incipiente primera adultez ¡tan turgentes, tan floridas, tan vibrantes!! No tenía dudas, yo era un proceso de manifestación. Y después me olvidé. Me sentí durante más de una década como alguien con algo duro en el pecho; era una sensación física muy real, sentía algo duro, como un muro de piedra. Era tan real que recuerdo mis oraciones de aquel entonces pidiendo por favor algo que me rompiera el corazón, era tan sólida y dura la sensación que en mi cabeza la única manera posible de acabar con aquello era rompiéndolo. Sucedió, por supuesto.


Esa es otra historia diferente a la que quiero contar ahora, pero estoy segura que puedes imaginarla, porque todas las mujeres que conozco la han vivido, con matices y diferencias, pero todas tenemos en nuestra historia una de corazón roto que trajo noches muy oscuras, que duraron meses, y días que eran como una tormenta de arena en el desierto, cuando no puedes ni abrir los ojos del dolor.


Pasó un ciclo entero de mi vida desde entonces hasta hoy, un katún como le llaman los mayas, 13 años. Pasé de ser una joven adulta a una adulta madura. Me empecé a imaginar a mi misma como una mujer muy muy vieja y muy muy sabia de cabello muy largo y con el corazón tan alegre y libre como un pajarillo. Me quedé quieta a observar como crecían las plantas, las de adentro y las de afuera. Me empecé a imaginar a Dios como un gran jardinero y yo una de sus plantitas, aprendiendo a florecer. No hay jardín sin jardinero. Puede haber selvas, vergeles y oasis, pero un jardín requiere el cuidado y la dedicación de un jardinero.


Durante muchos años me sorprendió que todas las personas que llegaban a cualquiera de las casas donde he vivido me decían: "¡Qué hermosas tienes tus plantas!! ¿Qué les haces?" Y yo siempre respondía: nada, sólo las miro todos los días.


¿Cómo se cultiva un jardín?

(Estas son notas de una jardinera, puedes usarlas para un jardín real o como metáforas para el cultivo de tu jardín interior)


Un jardín siempre empieza en la observación silenciosa. Se observa detenidamente lo existente, lo que hay, las condiciones actuales. El estado de la tierra, la condición de las plantas que ya viven allí, se observan los movimientos del sol durante el día y las temperaturas en el día y en la noche y a lo largo de las estaciones. También se aprende sobre la cantidad de lluvia que ese lugar recibe. Se conocen a los pequeños animales y los insectos que lo habitan y se aprende a no juzgarlos negativamente, ellos son también seres vivos con necesidades que cubrir, como el hambre. No es su propósito "arruinar" tu jardín, su propósito es vivir, igual que el nuestro. Un jardín requiere, sobre todo, observación y atención constante, aunque sea un pensamiento, una mirada.


La mirada del jardinero debe estar desprovista de juicio, sólo debe observar y contemplar la situación: no determina, ni se lamenta, ni se pregunta si pudo haber sido diferente. Observa, apunta, toma notas, aprende. Saca conclusiones acerca de las modificaciones que debe realizar para que el jardín prospere. Cultivar un jardín es un entrenamiento para estar en el presente y también para cultivar el amor personal y el autocuidado, para aprender a silenciarnos, a volver a casa, al corazón propio, al latido.


El amor debe salir del fondo de tu corazón. Acaricia las hojas con tus manos y di que las quieres - dijo mi padre y agregó - : La superficie de la planta percibe tu corazón a través de tu mano.

La vida secreta de las plantas de Lee Seung U (es una novela coreana bellísima)


Ser jardinero es un acto creativo: los ingredientes existen anteriores al jardín, existen de forma independiente, y también independientemente de la voluntad y la acción del jardinero. Pero el jardinero los junta a todos en un mismo espacio y tiempo y crea con ellos algo nuevo: el jardín.


Para este proceso el jardinero no sigue sus deseos, gustos o caprichos, sino que responde a las necesidades propias del jardín, la sinergia entre las plantas, su necesidad de agua y sol. Se deja guiar por el jardín. Sigue los conocimientos y la intuición que ha desarrollado por medio de la observación. El jardín requiere del jardinero, estudio, dedicación, tiempo y PACIENCIA.


El jardinero puede decidir si quiere seguir modelos preexistentes de jardines y cultivar por ejemplo un jardín zen o un jardín inglés, o también puede decidir crear su propio estilo de jardín. Pero así como aunque la receta de cocina sea la misma, siendo diferente la mano que revuelve los ingredientes al fuego, tendrá cada vez un sabor diferente; así pasa con los jardines:

Habrá jardineros más sensibles y despiertos que tengan ojos y oídos en las palmas de sus manos y puedan crear un jardín que, a quien entre a él, le permita recordar el camino a su propia alma. Y habrá otros que no. Pero el simple hecho de pretender cultivar un jardín y ponerse a ello, implica que esa persona está dispuesta a convertirse en una servidora de su jardín.


Porque ser jardinero implica templar la paciencia, desarrollar la intuición y la la capacidad de observación del comportamiento de cada habitante del jardín en sí mismo y en relación a los demás. Un jardinero debe confiar y jamás darse por vencido con una planta. Confiar en el aliento de vida que, si se propician las condiciones, puede surgir. Pero también debe aprender a quitar y matar para un bien mayor. Eliminar lo que ya no propicia esa vida y permitirle abonar la vida que late debajo, silenciosa.


Un jardinero es un devoto de su jardín. Su único objetivo es verlo sano, frondoso y en paz. Esa es su única ganancia. El jardín mismo es su premio. Nada se obtiene de cultivar un jardín, más que cultivar un jardín.


Hoy es el último día en mi vida que tengo 42 años, mañana cumplo 43. Me he dedicado con devoción a cultivar mi jardín en los últimos años. Cuando me lo propuse me "olvidé" de todo lo que sabía de mi y del mundo y cultivé una actitud de atenta y silenciosa observación. Me ayudé de muchas maneras, en mi vida cotidiana hice muchas cosas que me recordaran de esta misión y, también, emprendí el cultivo de un jardín real. Me permití hacer muchas cosas de manera muy diferente y respondí momento a momento a lo que el jardín me iba pidiendo para prosperar.

Y así aprendí de mis ciclos y aprendí que si estos ciclos quieren modificarse por medios artificiales yo, como las plantas, perdía mis capacidades. Las plantas y nosotras necesitamos pasar por todos nuestros ciclos. Hay momentos para deshacerse de todas las hojas y descansar, recuperar la energía en el silencio y la oscuridad del invierno. También aprendí que no podía ni siquiera intervenir en ellos regando de más, porque algo que parece tan bueno como el agua cuando es demasiada acaba echando a perder las cosas. Si riegas a un árbol de más el se la pasa en un ciclo perpetuo de hoja-semilla-flor-fruto y se agota, su vida se debilita y se acaba muy pronto. A veces soy semilla, a veces florezco, a veces doy frutos y a veces tiro todas mis hojas para descansar.


Mis casi 43 años son un jardín lleno de vida. Cuando entro en él recuerdo el camino a mi alma. Y además mi jardín me llevó a descubrir que también puedo ayudar a otras personas a que recuerden.

Como mi maestro me prometió hace años, en mi jardín cantan los pájaros hoy. Cada mañana que los escucho mientras medito mi corazón responde también cantando, porque los pájaros de mi corazón también volvieron y, aunque mi cuerpo envejezca, como es natural, mi corazón es un pájaro siempre joven y alegre y amarillo que no deja de cantar.


Aprendí a hacerlo prosperar sola pero mi jardín hoy es también cuidado por otra persona, mi compañero. Él puso en sus 12 "uvas" de año nuevo que en este año quería cuidar un jardín. Y el jardín apareció, lo estaba esperando, y ahora lo cuidamos juntos. El de mi corazón no, ahí la jardinera soy yo con ayuda del Gran Jardinero, mi Amado Dios; pero él también viene a cantar al jardín de mi corazón y a disfrutar del aroma de las flores, y las mira con cariño y dulzura y eso les recuerda de lo bello que es florecer. Gracias a mi jardín aprendí también a volver a abrirme al amor.



Y te cuento esta historia porque quiero volverme esa pajarita pequeña y amarilla que sonriente se posa en tu hombro y te susurra al oído: "tranquila pequeña, tú sólo dedícate a cultivar tu jardín, un día vendrán los pájaros a cantar en él". Sólo dedícate a ello, porque un jardín es tiempo de pensar, de contemplar, de esperar. A las raíces más profundas no llega la escarcha, y aunque ahora tu vida pueda parecerte a veces un páramo de hielo frío y duro como lo era para mi, te prometo, y me va la vida en ello, que ahí hay todavía raíces profundas que recuerdan el origen y hay pájaros dormidos pero aún latiendo que están esperando con toda su alma volver a cantar para ti.


Te quiero mucho, te quiero libre, te quiero feliz en tu propio jardín.

Mukhia Shanti Kaur

20 de mayo 2020 CDMX


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